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En los últimos años, el sector de la agricultura ha sabido aprovechar la revolución tecnológica a su favor al hacer uso de pequeñas aeronaves -mejor conocidas como drones- para fumigar sembradíos.

Como se sabe, este vehículo aéreo no tripulado es resultado de avances tecnológicos, el cual es capaz de mantener de manera autónoma un nivel de vuelo controlado y sostenido y propulsado por un motor de explosión, eléctrico o de reacción.

Estas características lo convierten en el objeto ideal para cumplir con los requerimientos que exige el cuidado de una cosecha, entre los cuales se encuentra la fertilización y la fumigación, que son pasos fundamentales para que un cultivo sea exitoso o no.

En términos económicos esto también brinda una gran ventaja a los productores agrícolas, puesto que se previene la pérdida de cultivos entre 19 y 12%. Aunque para ello se deba reducir el factor humano.

Sin embargo, los jornaleros muchas veces no tienen la capacitación suficiente para maniobrar sustancias tóxicas y utilizar equipo especializado, por lo que dejar este trabajo a los drones ayuda a reducir los riesgos a los que los trabajadores están expuestos.

En México, así como en diversas regiones, utilizar equipo de este tipo en cultivos también logra optimizar tiempos y agilizar procesos, ya que estos aparatos tardan en fumigar una hectárea alrededor de 20 minutos, contra una hora hombre, es decir, si lo hiciera una escuadrilla. Según expertos, con apoyo de esta tecnología se pueden fumigar hasta 20 hectáreas en un sólo día.

Los drones también sirven para mapear y verificar la salud de los cultivos, es decir, procesan la información. En el país hay 6.4 millones de terrenos agrícolas y 96.8% es de agricultura a cielo abierto, donde 79.7% está dedicado al maíz y 51.9% pertenece a productores pequeños, esto de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Fuentes consultadas:
La Jornada
Wikipedia